INTRODUCCIÓN
Según la UNESCO, en todo el mundo 130 millones de niñas de entre 6 y 17 años no asisten a la escuela. África occidental y central tiene la tasa más alta de exclusión escolar, ya que el 20% de los jóvenes de entre 6 y 11 años no asisten a la escuela y la tasa de exclusión alcanza el 40% en el nivel postprimario. Esta situación representa un desafío importante para alcanzar el objetivo 4 de desarrollo sostenible de las Naciones Unidas. Este objetivo apunta, para 2030, al acceso de todos a una educación de calidad, en pie de igualdad, en particular a un ciclo completo de enseñanza primaria y secundaria.
En África subsahariana, varios años de inversiones internacionales y nacionales en los sistemas educativos han permitido alcanzar una tasa de asistencia a las escuelas primarias cercana al 75%. Esta tasa apenas alcanza el 32% en el nivel postprimario. En las zonas rurales, la tasa de finalización de la escuela secundaria alcanza solo el 16%[1]. Siguen existiendo desafíos importantes, particularmente en lo que respecta al acceso y la permanencia de las niñas en la escuela en el nivel postprimario en varios países. Por lo tanto, muchos reconocen ahora que el acceso universal a la educación también pasa por el acceso y la permanencia de los alumnos en el nivel postprimario. En este contexto, Canadá anunció en enero de 2018 que duplicaría su contribución a la Alianza Mundial para la Educación con el fin de mejorar el acceso de las niñas a la educación en el mundo y de favorecer su permanencia en la escuela. Esto representa una inversión muy importante que vale la pena celebrar, pero se necesitará mucho trabajo y creatividad para garantizar que los fondos tengan un impacto importante en aquellos que más necesitan apoyo.
La importancia de la educación de las niñas
La Política de Asistencia Internacional Feminista del Gobierno de Canadá refleja la importancia de un acceso igualitario para las niñas y los niños, a través de su principal ámbito de acción, que apunta a la igualdad de género y al fortalecimiento del poder de las mujeres y las niñas. Es a través de una estrecha colaboración de Canadá con los gobiernos centrales y locales de los países en desarrollo que se mejorarán sus capacidades para desarrollar políticas y poner en marcha programas que integren la igualdad de género. A través de su segundo ámbito de acción, la dignidad humana, Canadá también reconoce la importancia de desarrollar servicios accesibles a las poblaciones vulnerables, en particular el acceso a una educación de calidad, que a largo plazo permitirá una mayor prosperidad de las niñas y las mujeres.
Los problemas a los que se enfrentan las jóvenes en el acceso y la permanencia en la escuela son bien conocidos: infraestructuras deficientes, en particular en materia de letrinas, formación de los docentes inadecuada para favorecer la participación de las niñas en el aula, a lo que se añaden los cambios importantes que experimentan las niñas en la adolescencia, los matrimonios precoces, los embarazos no deseados y la carga de las tareas domésticas que incumbe principalmente a las niñas.
Una de las principales fortalezas de Cowater para apoyar el fortalecimiento de instituciones públicas inclusivas, cuyos servicios responden a las necesidades diferenciadas de las mujeres y las niñas, es su capacidad para utilizar datos probatorios con el fin de mejorar las políticas y los programas gubernamentales para que respondan a las necesidades de las poblaciones, en particular a las necesidades de las niñas. Desde 2005, con el apoyo del Gobierno canadiense, Cowater trabaja estrechamente con el Ministerio de Educación Nacional y de Alfabetización de Burkina Faso (MENA) para fortalecer las capacidades de sus agentes para realizar los ejercicios de evaluación de los logros escolares (ÉAS). Los datos probatorios recogidos en el marco de los estudios cuantitativos realizados por el MENA sobre los logros escolares en la educación de base han demostrado que los aprendizajes de los alumnos variaban considerablemente dentro de una misma clase, pero que existían disparidades importantes entre el rendimiento de las niñas en la escuela primaria y en la postprimaria. Ante estos datos, era importante comprender las causas de estas diferencias por razón de sexo para que el MENA pudiera tomar las medidas necesarias para mejorar los resultados de las niñas.
En 2017, a través del proyecto Sociedad de acompañamiento al fortalecimiento de capacidades (SARC, 2013-2017), basándose en 10 años de inversiones canadienses en la evaluación de los logros escolares en Burkina Faso, Cowater apoyó al MENA en la realización de un estudio cualitativo sobre las diferencias en los aprendizajes entre las niñas y los niños. El estudio reveló que las niñas están sometidas a un volumen de tareas domésticas que reduce el tiempo dedicado a los estudios y el entorno familiar tiende a favorecer el rendimiento de los niños. Las niñas también sufren mucha presión en la pubertad; los docentes están poco equipados para favorecer los aprendizajes de las niñas y las letrinas no son adecuadas teniendo en cuenta las necesidades específicas de las niñas a esta edad. Además, se ha demostrado que las niñas tienen menos éxito que los niños en matemáticas y en ciencias. Los niños disponen de más tiempo de estudio y, a diferencia de las niñas, se agrupan para estudiar, lo que les beneficia en matemáticas y en ciencias. La falta de modelos femeninos también es un factor que repercute en la motivación de las niñas en estos ámbitos. El Ministerio de Educación de Burkina Faso dispone ahora de un estudio completo que le permitirá mejorar sus políticas y sus programas para que respondan a las necesidades específicas de las niñas.
Canadá, a través del proyecto SARC, también ha consolidado la integración de la Política Nacional de Género (PNG) en una reforma importante emprendida por el MENA en los últimos años: la reforma curricular. Al apoyar la elaboración del Marco de orientación del currículo (COC), que precisa en particular las orientaciones oficiales sobre los nuevos fundamentos de la educación de base, el proceso de elaboración de los nuevos programas y sus documentos de acompañamiento, y que aborda la evaluación de los aprendizajes, el país se ha asegurado de tener todas las herramientas necesarias para poner en marcha un enfoque pedagógico adaptado a la evolución socioeconómica de Burkina Faso, que preconiza la inclusión y la paridad en el acceso a la educación para las niñas y los niños.
PERSPECTIVAS
Queda mucho por hacer para contribuir a mejorar la calidad de los aprendizajes para todos, niños y niñas, en los países en desarrollo, así como para asegurar la permanencia de las niñas en la escuela. Es primordial que las necesidades específicas de las niñas se tengan en cuenta tanto en la enseñanza como en la infraestructura y esto, principalmente a nivel postprimario. En efecto, es entre los 12 y los 16 años que las niñas absorben la mayor parte de los conocimientos esenciales para acceder posteriormente a las oportunidades económicas. Además, la permanencia de las niñas en la escuela permite también un mejor acceso a las nociones de salud sexual y reproductiva, favoreciendo a largo plazo la salud materna y neonatal.
Es fortaleciendo las instituciones públicas, en particular los ministerios de educación en los países en desarrollo, que Canadá puede marcar la diferencia. Así, al utilizar los datos probatorios generados en el seno de los propios ministerios, Canadá está en una posición privilegiada para actuar como líder en materia de apoyo a un mejor acceso de las niñas a la escuela y a su permanencia en clase durante un período de su vida crítico para sus aprendizajes.
[1] Preparado por la Sección de Datos y Análisis; División de Datos, Investigación y Política, UNICEF. Diciembre de 2017.


