En este libro blanco, y en el marco de la famosa Política de Ayuda Internacional Feminista de Canadá, los expertos en materia de igualdad de género de Cowater sugieren que la resistencia al feminismo y a los enfoques feministas del desarrollo a menudo proviene de una incomprensión de estos conceptos y de prejuicios inconscientes que favorecen las dinámicas de poder y las desigualdades existentes. Asimismo, los expertos sostienen que, para revelar y desactivar las causas de este problema, debemos empezar por nosotros mismos.
La llegada, en junio de 2017, de la Política de Ayuda Internacional Feminista (PAIF) de Asuntos Mundiales Canadá tenía como objetivo concentrar los esfuerzos de Canadá en la igualdad de género para convertirla en un vector de paz y de progreso social, político y económico. Desde su puesta en marcha, la PAIF ha recibido los elogios de varios miembros de la comunidad del desarrollo internacional, que creen que el desarrollo sostenible solo puede lograrse con la plena participación de las mujeres y las niñas como socias iguales de los hombres y los niños en el desarrollo de sus sociedades.
A pesar de este reconocimiento, las palabras “feminismo” y “feminista”, y las medidas que se concentran deliberadamente en las mujeres y las niñas, siguen provocando una resistencia pasiva y activa en ciertos círculos, y no únicamente en países donde existen profundas y persistentes desigualdades entre el bienestar, la participación económica y social y los derechos de las mujeres y los de los hombres. De hecho, también se encuentra una resistencia pasiva y activa hacia estas ideas en las sociedades occidentales.
El diccionario Oxford define el feminismo como la defensa de los derechos de las mujeres basada en la igualdad de género. Por lo tanto, el feminismo tiene la igualdad de género como objetivo, algo que la mayoría de los occidentales afirman apoyar. Según esta definición, el mismo número de personas debería también elegir definirse como feministas. Sin embargo, encuestas realizadas en varios Estados miembros de la OCDE han revelado que muchas mujeres y hombres se alejan del feminismo, aunque se declaren a favor de la igualdad de género. Se constatan reacciones similares cuando se proponen medidas especiales para aumentar la participación de las mujeres y las niñas en la sociedad y promover la igualdad de género, en particular prácticas de equidad en materia de empleo destinadas a garantizar que las mujeres estén representadas de forma justa en las organizaciones gubernamentales.
La resistencia provocada por los términos “feminista”, “feminismo” y “empoderamiento de las mujeres y las niñas” nos indica que es necesario hacer más que enseñar estos conceptos: también es necesario, a nivel personal, examinar nuestros propios prejuicios inconscientes y abrirnos a la idea de que nuestras verdades no son absolutas. Como profesionales, debemos comprender primero los prejuicios profundamente arraigados en nosotros y la naturaleza etnocentrista de nuestra visión del mundo antes de poder concebir, poner en marcha y promover, en el marco de nuestros proyectos en el extranjero, iniciativas de desarrollo transformadoras en materia de igualdad de género. Este proceso puede ser difícil y penoso, pero es necesario si queremos revelar y superar honestamente los obstáculos que se oponen a una igualdad real.
Dado que la autorreflexión no es fácil para todo el mundo, existe una gama de actividades estructuradas para apoyar este proceso y reforzar nuestra comprensión de lo que causa la desigualdad entre los géneros. Por ejemplo, la formación sobre la igualdad de género suele comenzar por diferenciar los conceptos de género y sexo y demostrar que los estereotipos, los roles y las normas de género son dinámicos, están en constante evolución y son muy diferentes de una cultura a otra. Gracias a estos conocimientos, podemos examinar mejor nuestros propios prejuicios de género, tanto los que nos imponen como los que nos imponemos a nosotros mismos, con la ayuda de herramientas como el test de asociación implícita de Harvard, disponible en línea.[ii] En lo que respecta a las organizaciones, aunque muchas han adoptado políticas para prevenir la discriminación basada en el sexo u otros factores de identidad social como la raza y la orientación sexual, rara vez se toman la molestia de examinar y sacar a la luz creencias profundamente arraigadas, como exigimos a los demás. Para adoptar un enfoque feminista del desarrollo, se debe fomentar este tipo de introspección en el seno de las organizaciones y de los proyectos. El análisis comparativo entre los géneros, que nos impulsa a dudar de nuestras presunciones y a buscar perspectivas diferentes sobre las mujeres, los hombres, las niñas y los niños para luego integrarlas en nuestros proyectos, puede ser un trampolín hacia la siguiente etapa.
Existen otras formas concretas de hacer que las estrategias de nuestras organizaciones de desarrollo sean más feministas. Por ejemplo, podemos esforzarnos por combatir nuestros prejuicios descubriendo nuevos puntos de vista y recordando permanecer abiertos a ellos; sintiendo los problemas de los demás; rechazando las ideas preconcebidas; y reconociendo nuestros privilegios y su naturaleza arbitraria. Solo podremos empezar a deconstruir gradualmente nuestras propias barreras y a ayudar a los demás a hacer lo mismo reflexionando seriamente sobre estas cosas y utilizando en profundidad el análisis comparativo entre los géneros.
La ventaja de la PAIF de Canadá es que, en lugar de dejar que los individuos y las organizaciones cedan ante la resistencia que casi siempre se encuentra cuando se quiere transformar las cosas desde un punto de vista de género, exige que todos los programas de desarrollo se contemplen desde un ángulo de género.
Para ello, primero debemos, como individuos y como organizaciones, emprender nosotros mismos este proceso. En otras palabras, no podemos solo pedir a las mujeres y a los hombres, a las niñas y a los niños, a las comunidades, a las organizaciones, a las instituciones y a los gobiernos con los que trabajamos que cambien su forma de ver el mundo y las normas de género que se encuentran en él. Tampoco podemos pedirles que sean los únicos en librar este combate a veces difícil en aras de una transformación centrada en la igualdad de género y el desarrollo conexo. También debemos comprender nosotros mismos este proceso, así como todos los sentimientos que suscita, y, al hacerlo, cambiar al mismo tiempo que ellos.


